«Estoy empezando a entrenar, y voy a hacer un ultratrail». He escuchado este comentario muchas veces. Y puede estar bien: es bueno querer superarnos, y vivir la aventura de visitar nuestros propios límites. Los problemas pueden venir cuando solo vemos sentido a la actividad física como una superación de algo conseguido con anterioridad. Y, cuanto más grande sea lo que pretendemos «tener», más sentido parece tener. Esta visión del deporte-competición, exclusivamente como una escalera permanentemente ascendente, tiene varios inconvenientes.

Primero: Si el único y exclusivo sentido de nuestra actividad es correr más distancia, o más rápido, que la vez anterior, llegará un punto, que, sencillamente, no seamos capaces de hacerlo. Además, el pretender hacerlo sin una progresión lógica, condicionará nuestra vida deportiva, y de hecho nos perjudicará a la hora de superar lo anterior. El resultado es bastante frecuente: unos pocos años de actividad física demasiado intensa, con unos cuantos altibajos emocionales y, finalmente, abandono de la actividad.

Segundo: Si lo que nos gusta realmente es practicar deporte, no tiene mucho sentido intentar  subir la escalera demasiado rápido, «acelerando» los principios fisiológicos del entrenamiento. Esto no solo nos llenará el camino de las conocidas (y demasiado asumidas) lesiones, sino que nos pueden caer encima todo un rosario de consecuencias que no relacionaremos con nuestros entrenos: irritabilidad, mayor número de enfermedades, pérdida del deseo sexual…

¿Piensas quizás, que si el deportista que admiras entrena incansablemente, tú no tienes derecho a relajarte? Pues a lo mejor te convenga también pensar que él, en secreto, te envidia a ti, por la oportunidad que tienes de disfrutar de tu actividad. Sin más responsabilidad, que la quieras echarte sobre tus hombros.

¡Feliz entrenamiento!