Las Islas Canarias sufrieron durante los primeros siglos tras su conquista numerosos ataques de saqueadores: moriscos de las cercanas costas africanas, corsarios ingleses auspiciados por aquel reino, cuando era enemigo de España…. y hasta piratas turcos. Lanzarote y Fuerteventura fueron especialmente atacadas, al estar cerca de la costa africana, y al ser el objetivo más sencillo, por menos montañosas y poco pobladas.

Uno de los ataques más funestos tuvo lugar en 1586, cuando habitaban la isla unas 1.500 personas. Si hubieras sido uno de estos habitantes en ese momento, un día al atardecer, probablemente estarías tomando la última modesta comida del día, para ir pronto a dormir rendido por un día de trabajo en el campo. Pero si, por alguna extraña razón, hubieras estado en la zona conocida actualmente como Los Ancones*, en aquel momento absolutamente aislada y despoblada, habrías visto cómo se empezaban a asomar en el horizonte, a lo lejos, tres barcos, que iban a poner en peligro tu vida, y la de todas las personas que te rodeaban, en cuanto cayera la noche.

Al mando de la flota estaba el “Morato Arráez”, pirata argelino tan conocido en la época, que será nombrado por Cervantes o Quevedo. Y, a sus órdenes, varios cientos de hombres dispuestos a desembarcar en esos abrigos naturales rocosos, para coger por sorpresa al señor de la isla, Agustín de Herrera. El objetivo final: hacerse con un buen botín en joyas y esclavos, incluidos hombres fuertes por los que poder obtener un buen precio, y mujeres y niñas de las que poder abusar infinidad de veces, antes acabar con sus vidas.

Durante casi un mes, “Morato Arráez” y sus hombres sembraron de terror toda la isla, hasta que se marcharon con 200 isleños como esclavos. En la Villa de Teguise existe una calle llamada “Callejón de la Sangre”, por la cantidad de sangre que corrió en aquel lugar durante esos días. Agustín de Herrera pudo sobrevivir, pero seguro que comprendió lo que sintieron sus víctimas cuando era él quien iba a la caza de esclavos a la cercana costa africana.

Ancón: Pequeña bahía natural donde los barcos pueden fondear.