Dirección: Avenida de Naos, 32. Arrecife.
Horario: Lunes a sábado: 6:00-16:00.
Precio: 20-30 €.
Recomendaciones: Probar posiblemente el mejor aperitivo de la capital: los montaditos de atún, salmón o sardina. Esto sí es respeto “a lo de siempre”.
Terraza: Sí.
Reserva: No.

 

El lujo no tiene que tener un componente material en sí mismo, sino que puede ser algo tan abstracto como generar un sentimiento de diferenciación, y eso es lo que han logrado en Bahía de Naos. Lo intangible en este lugar es el patrimonio vivo, es decir, en esta tasca se han permitido la licencia de invitar al pasado a quedarse a vivir. Su toldo a rayas, a juego con las camisetas de los dos regentes, resume la esencia marinera que impregna este local, donde los pejines se arremolinan en la barra, bajo la atenta mirada de un público que parece congelado en la contemplación. Miran a un camarero vivaz y alegre que despacha bebidas al compás de la amena conversación, o de las notas de un arañado timple.

En Bahía de Naos recalan lobos de mar con distinto pelaje: trabajadores portuarios, funcionarios, jueces, matrimonios, turistas despistados, jóvenes que escuchan a los viejos y también viejos que añoran ser jóvenes… Todos llegan con hambre feroz. Y en ese punto de ebullición estomacal es donde Luis “Guicho” y Jesús Luna “El Flaco” desparraman el mar sobre unas alargadas bandejas, donde el atún marinado, los tacos de bacalao o los calamares fritos riñen en protagonismo. A los pocos minutos de que los comensales hayan abierto sus compuertas, al cocinero le suelen llegar las olas cargadas de halagos, pero él sigue timoneando la plancha y la freidora con golpe maestro, sin perder ni el ritmo, ni el rumbo.

Si se busca un lugar con verdadero encanto, brisa fresca y comida barata, Bahía de Naos es la apuesta segura. Es el lugar donde lo viejo y cutre pasa a ser “lo auténtico” de una capital que nació de un puerto. Posiblemente, en este local, donde no se hacen alardes estéticos, se pueden comer las zamburiñas a la plancha mejor preparadas de la Isla, y la ensaladilla rusa más especial. Bahía de Naos no es un faro gastronómico, ni pretende serlo, pero sí ejerce de anzuelo de muchos paladares a los que les gusta fondear en la sencillez y la calidad de un producto fresco y local.