Si observamos una foto satélite de Lanzarote, podremos comprobar cómo está cruzada por un cinturón de color claro, en dirección norte – sur, desde la costa de la Playa de Famara, hasta la costa entre el aeropuerto y Arrecife. Es el conocido como desierto de El Jable. Se trata efectivamente de arena, en concreto arena marina (formada por millones de conchas trituradas) que emerge en Famara, arrastrada por las corrientes, y atraviesa la isla, llevada por el viento.

En Lanzarote, y en otras islas Canarias, a esta arena blancuzca procedente del mar, de origen biológico, no mineral, se la denomina jable. Y por eso a este paisaje desértico, el mayor de la isla, se le denomina El Jable. Esta palabra procede con casi total seguridad de “sable”, que es como se dice en francés arena. No hay que olvidar que los primeros conquistadores de la isla fueron precisamente franceses.

Esta arena no forma depósitos fijos, sino que se encuentra en permanente movimiento. Primero, las corrientes marinas la deposita en la Playa de Famara. Y, desde allí, el viento la transporta, como un río sólido de 20 kilómetros largo, a la costa opuesta, en la zona de Playa Honda y alrededores, donde vuelve de nuevo al mar.

En el desierto de El Jable habitan peculiares aves adaptadas a este medio, como la hubara (Chlamydotis undulata) o el alcaraván común (Burhinus oedicnemus insularum)