Con el paso de los años, vamos olvidándolo, pero hasta hace unas pocas décadas, la ropa para desarrollar actividades deportivas en la naturaleza estaba compuesta por unos pocos materiales: algodón, lana, nailon, poliéster (material que aún representa más del 50% del conjunto de la ropa en general producida en el mundo), lycra… Combinados para dar lugar a prendas que hoy nos parecerían del pleistoceno, y que causaban continuos contratiempos a quienes las llevaban, a causa de la humedad producida por el sudor, de los desgarros por el rozamiento con las rocas, de la irritación al contacto con la piel, etc. Esa sensación de eterna comodidad que logramos con las prendas actuales es relativamente reciente, y producto de miles y miles de horas de trabajo en la búsqueda de mejores soluciones.

Montañeros años ochenta

Montañeros en los años ochenta.

Como todos sabemos, para que una vestimenta nos proteja adecuadamente, es necesario que cumpla una doble función: debe mantenernos lo más secos posible, y a una temperatura confortable. Y, como también sabemos, estas propiedades no han sido siempre compatibles, ya que la capa que nos protegía del frío hacía que nos acabáramos empapando en nuestro propio sudor. Pero es que, además, existen toda una serie de características que, una vez cubiertas las básicas, fueron ganando importancia entre las prestaciones exigidas por los consumidores, como son la resistencia, el peso, el confort y la estética.

Toda esta combinación de cualidades se abordaron con el denominado sistema de las tres capas, cuyo primer origen se sitúa en la década de los ochenta, pero que tuvo un profundo desarrollo de mejora continua a partir de la década de los noventa. Las tres capas, ya conocidas por muchos, son las siguientes:

Primera capa o capa base (absorción de humedad): Se trata del tejido en contacto directo con la piel y que tiene la responsabilidad de desplazar el sudor lejos de esta, evitando a su vez que se produzca excesiva una pérdida de calor en los climas fríos. A los más jóvenes les parecerá increíble, pero hasta los años setenta eran frecuentes los maillots de ciclismo de lana, ya que es un material que cumple aceptablemente esta doble función, incluso con cierto calor.

Camisetas de primera capa

Y aunque la lana no está absolutamente desterrada hoy en día en la primera capa para bajas temperaturas, evidentemente los materiales han evolucionado muchísimo incorporando las fibras sintéticas (poliéster, polipropileno, clorofibra…), distribuidas de tal manera que absorben rápidamente el sudor por el interior, y lo evacuan por el exterior.

Segunda capa o capa de aislamiento (retención de calor): La finalidad de esta capa es la de protegernos del frío, a la vez que permite recoger el sudor proveniente de la primera capa y facilitar que siga fluyendo hacia el exterior, ayudado por nuestro propio calor o la diferencia de humedad. La prenda estrella en esta segunda lámina textil han sido durante las últimas décadas los famosos polares, prendas fabricadas en gran medida a base de PET (sí, el mismo plástico de las botellas de agua), con excelente capacidad para la protección térmica y buena transpirabilidad.

Tercera capa o capa de protección (protección de las inclemencias del tiempo): Se trata del recubrimiento que protege al deportista de las condiciones más adversas de viento, lluvia o nieve. Y, por lo tanto, una capa de uso no tan frecuente en nuestras latitudes. Hablamos del reino indiscutible del Gore-Tex, Windstopper y similares. Tejidos que ejercen una fuerte barrera para los elementos en un sentido, pero que permiten la evacuación del sudor en el otro.

Gore-Tex

Evolución del sistema de capas: Desde hace ya unos años, el sistema rígido de tres capas se considera de alguna manera superado, habiendo por ejemplo surgido prendas que pueden cumplir funciones de segunda y tercera capa, como las chaquetas ligeras rellenas de fibra o pluma que tan de moda se han puesto últimamente. O los softshell, chaquetas ligeras y con buena transpiración, que permiten soportar el viento, o incluso lluvia, sin necesidad de prendas más pesadas y menos transpirables.