Casi todos sabemos que el sol se pone por el oeste, y que las mejores puestas de sol se producen cuando este cae directamente sobre el mar. Lo que sucede en Lanzarote. es que la costa oeste está en su mayor parte deshabitada. Y, además, el acceso a muchos de sus rincones requiere de un buen paseo a pie, o un resistente todo terreno.

Afortunadamente, lo que sí es accesible en esta costa es la Playa de Famara, que es el inicio obligatorio de este recorrido por los atardeceres de Lanzarote. Lo que hace al atardecer desde Famara, quizás, el mejor de Lanzarote, son una bella caída del sol sobre el mar, y una gran plataforma de arena, en la que se refleja los colores del cielo. Además, su famoso acantilado sirve de enorme lienzo en el que el sol pinta cada día un cuadro diferente en tonos ocres, violetas, verdosos…

Atardecer en Famara

Este mismo risco, que recorre toda la costa noroeste de Lanzarote, tiene en su parte superior varios puntos que desatan las pasiones de los instagramers. Estos se asoman cada tarde a sus aproximadamente 400 metros de altura. Su objetivo: competir en ver quien refleja de forma más espectacular cómo los últimos rayos del día cruzan la inmensidad del vacío. Dos de las localizaciones más apreciadas son el Mirador del Río y, sobre todo, los alrededores de la zona de El Bosquecillo.

No todo va a ser Famara…

Bajando por la costa oeste, podemos deleitarnos con el espectáculo en el pueblo surfero de La Santa. Y, mucho más al sur, en El Golfo, el pueblo con más restaurantes por habitante de la isla. Numerosos clientes acuden a disfrutar de sus sabrosas raciones de pescado, junto con caídas de sol típicamente lanzaroteñas. Y, si lo que se prefiere es disfrutar del espectáculo en la intimidad, cerca tenemos algunas solitarias playas de arena negra. Como Playa de Montaña Bermeja o Playa de Janubio, donde sentiremos que el espectáculo se ha organizado en exclusiva para nosotros.

Atardecer en Playa Grande

Estos son solo algunos ejemplos, de otros muchos posibles, que cada uno deberá explorar. Por citar una localidad turística, Playa Blanca es otro buen lugar para disfrutar el ocaso, mientras se recorre su extenso paseo marítimo peatonal. Y, por nombrar dos lugares de interior, mencionar el pueblo de Femés, y su bellísima caída de sol con el estrecho de la Bocaina como escenario. O el paisaje de La Geria, donde el sol se pone esta vez sobre las montañas, pero cuya magia volcánica se ve subrayada durante unos minutos por los matices de la luz que despide cada día.