Restos del poblado aborigen de Zonzamas. Foto: Ruth Medina Hernández

No se sabe con certeza cómo ni cuándo llegaron los primeros habitantes de Lanzarote, denominados, junto con los de Fuerteventura, majos o mahos. El orígen del nombre tiene varias hipótesis: que es debido a que los pobladores de Fuerteventura denominaban a su isla Maoh; que es producto de que calzaban con un pedazo de cuero de cabra que llamaban maohs, o que sencillamente su significado es “campesino” u “hombre de la tierra”.

Sí se sabe, con bastante certeza, que procedieron del norte de África, gracias a su simbología grabada en piedra, similar a la de las tribus bereberes que habitaban por aquellos siglos el cercano continente. Y, respecto a cómo consiguieron arribar a las islas -cabe recordar que, al menos cuando fueron conquistados, desconocían cualquier forma de navegación-, una de las teorías más plausible es que fueran desterrados aquí por los romanos sobre el Siglo I, en una mezcla entre castigo y experimento colonizador.

En cualquier caso, es seguro que los primeros habitantes de Lanzarote desarrollaron sus vidas y su cultura en la isla durante más de mil años, sin apenas contactos con otros hombres, hasta que fueron definitivamente dominados por los europeos en 1402. Durante cientos de generaciones, los majos debieron buscar estrategias para subsistir en un entorno donde los recursos -el agua, la madera, las fruta…- eran escasísimos. Y donde un año de escasa lluvia podía significar sencillamente la muerte.

Entre estas estrategias estaba la práctica de la poliandria, es decir, la “compartición” de una mujer entre varios hombres -al contrario de la poligamia, en la que un mismo hombre comparte varias mujeres-. Los antropólogos han documentado esta forma familiar en otras sociedades tribales en entornos desérticos y con muy escasos medios de subsistencia, y se cree que su finalidad es reducir la posibilidad de embarazos y, por lo tanto, el número de bocas para alimentar. En el caso de Lanzarote, y según las crónicas, cada mujer tenía tres maridos, cada uno de los cuales podía compartir su lecho durante una luna, mientras que los otros dos permanecían ocupados en distintas tareas de mantenimiento del grupo familiar.