Muchos de los que nos rodean consideran cierta esta afirmación errónea: “Las personas se pueden dividir entre las que poseen salud mental y las que no, no precisando las primeras ningún apoyo para conseguir las metas que se propongan, ya que su sistema mental funciona normalmente”. Lo errado del enunciado salta rápidamente si reemplazamos el concepto de “salud mental”, por “forma mental”.

Cuando hablamos de forma física, sabemos que entre el deportista de alto rendimiento y la persona sedentaria con sobrepeso hay una escala de grises, que abarca miles de casos diferentes, y que no hay una clara línea que separe los que son saludables de los que no. Pero somos conscientes de que, por regla general, “mejor forma” equivale a “mejor salud” (y bienestar) Y por ello acudimos a entrenadores personales, aún encontrándonos aceptablemente bien.

Con la forma mental sucede lo mismo, aunque nuestros prejuicios no lo quieran ver. Todos  poseemos una serie de capacidades (serenidad, perseverancia, humor, capacidad de amar…), cada una de las cuales no está “sana” o “insana”, sino desarrollada en mayor o menor medida, formando una combinación propia y característica de cada persona.

En palabras de Ana Lemes, coach especialista en bienestar y PNL, “mediante el correspondiente entrenamiento guiado, estas capacidades se pueden potenciar, más o menos igual que desarrollamos los biceps o el fondo de carrera: con asesoramiento profesional acerca de qué ejercicios y estrategias nos convienen… Y poniendo la ilusión y la constancia de nuestra parte”.

Ana Lemes

Según la especialista, las demandas de las personas que acuden a su consulta son muy variadas, pero casi siempre alrededor de temas que a todos nos resultan familiares, porque son los caballos de batalla de cualquiera que tenga una mínimo interés de mejora personal: desechar hábitos que nos perjudican, identificar aquello que más nos conviene, trazar un plan que nos ilusione…

“Se trata de un proceso fascinante, en el que, con las técnicas adecuadas, el coach hace de soporte y acompaña, para que el cliente lleve a cabo sus propias reflexiones y realice esos pequeños ajustes en su vida que, a medio plazo, le lleven a sitios nuevos, y mejores”, afirma.

Y añade: “Debajo de nuestras insatisfacciones se esconden hábitos que nos perjudican. Como un dolor de espalda por una mala postura en el trabajo. Pero aquí hablamos de posturas perjudiciales ante la propia vida: miedos, rigidez mental… Siguiendo la misma metáfora, mi trabajo es ayudar a las personas a encontrar la postura en la que se sientan más cómodos y liberados. Para que, a partir de ella, puedan ser más productivos en la búsqueda de lo que anhelan”.

La buena noticia es que el proceso, al contrario de lo que la mayor parte piensa, no es eterno. “Cada caso es único, pero el proceso habitual abarca entre cinco y diez sesiones. No hay que perder de vista que, para el coach profesional, el objetivo desde el minuto uno es fomentar una mayor autonomía en el cliente, no eternizar nuestra relación”, concluye.

 

Profesional colaborador: Ana Lemes. Coach certificada CMA y CBA.
Web: ana-lemes.com
Teléfono: 658 394 948
Mail: coach@ana-lemes.com