A pesar de su apariencia desértica, la zona de El Jable, en el centro de la isla, ha sido históricamente muy apreciada para diversos cultivos agrícolas. La explicación se encuentra en que debajo de la arena existe suelo arcilloso. Y que la misma arena, formada por pedazos minúsculos de conchas marinas, tiene propiedades muy parecidas al lapilli o rofe: retiene la humedad, dificulta el crecimiento de malas hierbas, retrasa también la erosión, etc.

Antiguamente, el cultivo más frecuente en la zona eran los cereales (trigo y centeno principalmente), que posteriormente dieron paso a la batata, exportada en cantidades importantes al Reino Unido y, más recientemente, hortalizas como melones, sandías y tomates, muy apreciados en la isla por su calidad.

Pero obviamente no resulta fácil el trabajo del agricultor en este aparente desierto. Uno de los principales problemas a los que debe hacer frente es precisamente la arena que, aunque tiene propiedades beneficiosas, también puede tener un efecto destructor cuando es arrastrada por el viento. En un juego de supervivencia que ha durado siglos, el campesino ha aprendido a controlar este movimiento mediante setos de cereal, principalmente centeno. Variando la orientación de los setos, ha conseguido tanto proteger a las plantas deteniendo el paso de arena, como por el contrario canalizar el flujo de ésta hacia determinadas zonas donde le ha interesado formar la capa beneficiosa para el cultivo.