En la zona norte de Lanzarote existe una cadena de volcanes (Volcán de La Corona, Las Calderetas, Los Helechos y La Caldera) que, como otras en la isla, sigue una línea recta muy clara: Es la dirección de la fractura interna de la tierra que permitió la salida del magma al exterior. Para algunos, estas probablemente hayan sido la sucesión de erupciones más espectaculares en los varios millones de años de historia de Lanzarote. Y decimos probablemente porque hace 30.000 años, cuando sucedieron, evidentemente no había nadie para verlas.

Espectacular de verdad debió ser la catarata de magma de… ¡400 metros! de alto que se originó cuando uno de los ríos de lava encontró la caída del acantilado de Famara. Aunque para muchos visitantes pasa desapercibida, esta colosal corriente vertical que llegó hasta el mar aún se puede distinguir claramente en el terreno. Y por ella es exactamente por donde desciende el conocido como Camino de los Gracioseros.

Aún así, fue la costa contraria a la del acantilado de Famara la que se llevó la mayor parte de la lava de esta sucesión de erupciones. Fue tal cantidad de magma que cayó en esta dirección que hizo avanzar el borde de la isla 500 metros mar adentro, ampliándose la superficie de Lanzarote unos 18 kilómetros cuadrados. Debajo de esta capa negra de piedra quedó oculta para siempre una buena parte de la isla, pero a cambio el Volcán de La Corona nos regaló tesoros naturales como los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes.